Acerca del Artista
La carrera de Aldemaro Romero (Valencia, 1928 - Caracas, 2007) representa un punto de inflexión en la profesionalización y modernización de la música en Venezuela. Su formación inicial comenzó bajo la tutela de su padre, el guitarrista Rafael Romero Blanco, y continuó en Caracas con estudios de piano y composición. A los 20 años, Romero ya se desempeñaba como director de orquesta en emisoras de radio y en centros nocturnos, acumulando una experiencia técnica que le permitiría, en 1951, firmar un contrato con el sello RCA Victor en Nueva York.
De esta colaboración surgió el álbum "Dinner in Caracas", una producción que aplicó arreglos orquestales de gran formato a géneros tradicionales como el vals y el joropo. El éxito comercial de este disco permitió que la música venezolana alcanzara una distribución internacional masiva, manteniéndose en los catálogos de venta durante décadas. Durante su estancia en el extranjero, Romero trabajó como arreglista y director para figuras como Dean Martin y Jerry Lewis, y colaboró en bandas sonoras de películas, lo que consolidó su manejo de las armonías internacionales.
En el año 1968, tras su regreso al país, Romero presentó formalmente la Onda Nueva. Este movimiento no fue solo una propuesta estética, sino una reformulación técnica del joropo tradicional. El género sustituyó la estructura clásica del arpa, cuatro y maracas por una sección de piano, bajo y batería, incorporando síncopas del jazz y progresiones armónicas propias de la bossa nova brasileña. Para validar esta propuesta, organizó entre 1971 y 1973 el Festival de la Onda Nueva en Caracas, invitando a músicos de la talla de Astor Piazzolla, Frank Pourcel y Stan Getz, lo que insertó a la capital venezolana en el circuito de la vanguardia musical global.
En el ámbito de la gestión institucional, en 1979 fundó la Orquesta Filarmónica de Caracas, de la cual fue su primer director titular. Su catálogo compositivo abarca más de 250 obras, que incluyen desde piezas populares como "Carretera" y "De Conde a Principal", hasta partituras académicas de alta complejidad como la "Suite para cuerdas", el "Concierto para Orquesta" y el "Oratorio a Simón Bolívar". Su labor técnica fue reconocida con el Premio Nacional de Música en 2000 y el grado de Doctor Honoris Causa por varias universidades venezolanas. Tras su fallecimiento en 2007, su obra permanece como el registro más amplio de la transición entre la tradición popular y la escritura sinfónica en Venezuela.