Acerca del Artista
El surgimiento de Sentimiento Muerto a principios de los años 80 marcó una ruptura estética y cultural definitiva en la juventud caraqueña. Lo que comenzó como un proyecto de estudiantes bajo el nombre de Dead Feeling, ensayando en garajes y tocando en pequeñas fiestas, pronto se transformó en una propuesta con identidad propia al adoptar su nombre definitivo en español. Esta transición no fue solo un cambio de etiqueta, sino el nacimiento de una actitud que desafiaba la pulcritud del pop comercial de la época, introduciendo sonidos oscuros y letras cargadas de una ironía urbana que no tenía precedentes en el país.
Para el año 1984, la banda comenzó a construir su leyenda desde los márgenes, presentándose en verbenas, ferias y cualquier espacio dispuesto a recibir su energía. Ante el nulo interés de los medios masivos, Sentimiento Muerto ejecutó una de las maniobras de marketing de guerrilla más efectivas de la historia musical venezolana: la difusión masiva de "cassettes piratas". Estos registros artesanales, que circulaban de mano en mano, permitieron que su música se filtrara en todas las capas sociales de Caracas, creando un fenómeno de culto que se manifestaba en las paredes de la ciudad a través de su icónico logo del corazón tachado.
A pesar de ser una banda cuestionada y fuertemente criticada por los sectores tradicionales, su poder de convocatoria era incontestable. Aunque no aparecían en televisión y las disqueras los ignoraron hasta 1986, Sentimiento Muerto lograba la hazaña de llenar dos noches consecutivas la sala de conciertos Mata de Coco. Esta paradoja —ser ignorados por la industria pero venerados por el público— consolidó su estatus como la voz de una generación que no se sentía representada por lo que dictaban las emisoras de radio convencionales.
El salto a la profesionalización llegó por un golpe de azar: una grabación pirata de un concierto en Mata de Coco llegó a los oídos de Carlos Narea, productor y socio del español Miguel Ríos. El impacto fue tal que la banda fue invitada a representar a Venezuela en el Primer Festival de Rock Iberoamericano en Madrid. Este hito internacional forzó a la industria local a tomarlos en serio, lo que derivó en la grabación de su primer álbum oficial, bajo la producción del argentino Fito Páez.
La banda, que contó en sus filas con músicos fundamentales como Pablo Dagnino, Carlos "Cayayo" Troconis, Wincho Schafer y Alberto Cabello, se mantuvo activa hasta su disolución en 1992. Su paso por la escena dejó un rastro de honestidad brutal y una independencia creativa que sirvió de plano para todo el rock alternativo que vino después. Sentimiento Muerto no solo grabó canciones; registró el pulso de una ciudad que encontró en ellos su propia banda sonora.