Acerca del Artista
La agrupación Los Cañoneros nació en 1982 como un proyecto orgánico derivado del teatro. El conjunto surgió tras el trabajo de musicalización realizado por Ylich Orsini para la obra La verdadera historia de Alma Llanera. Lo que comenzó como un acompañamiento escénico se transformó rápidamente en un fenómeno musical independiente que refrescó la escena venezolana. Apenas seis meses después de su fundación, el grupo ya se encontraba grabando su primera producción discográfica, iniciando una trayectoria vertiginosa que los llevó de inmediato a los principales programas de televisión y escenarios de conciertos, debutando con un impacto sorpresivo en la ciudad de Mérida.
La proyección de Los Cañoneros trascendió las fronteras nacionales de manera acelerada, llevando la música de Caracas a escenarios de Alemania, Estados Unidos, España, Portugal, Trinidad, Guyana y Surinam. Aunque la formación original tuvo una pausa formal en 1987, el espíritu del grupo permaneció activo, iniciando en 2005 una nueva etapa que amplió su nómina a nueve músicos. Esta evolución permitió explorar nuevas sonoridades y aportar una mayor "modernidad" al género, buscando que la estética de la retreta de plaza dialogara con las exigencias técnicas y auditivas del siglo XXI.
La propuesta de Los Cañoneros se centra en la música cañonera, la primera expresión musical urbana gestada en las grandes ciudades de Venezuela a principios del siglo XX. En este campo, la agrupación introdujo una serie de innovaciones en arreglos y ejecución que, aunque inicialmente generaron debates entre los sectores más conservadores, terminaron convirtiéndose en estándares seguidos por nuevos ensambles. Su labor constante en la preservación y difusión de la identidad cultural caraqueña fue reconocida recientemente con el prestigioso premio Glorias Artísticas de Venezuela 2024, consolidando su lugar como referentes indispensables de la música popular.
Hoy en día, Los Cañoneros representan la evolución de la tradición. Su música no es una pieza de museo, sino un género vivo que mantiene el pulso festivo de la capital. Al integrar elementos contemporáneos a la estructura clásica del merengue rucaneao, el pasodoble y el vals, la agrupación garantiza que el legado sonoro de la Caracas de antaño siga siendo parte fundamental de la banda sonora de la Venezuela actual, demostrando que la identidad urbana posee una vigencia eterna cuando se cultiva con creatividad y respeto.